PERIÓDICO EL PÚBLICO
Por: Alberto Bejarano Ávila
Como en inefable día de estío, en mi región Pijao no se mueven ni las hojas de los árboles. Con excepciones no siempre en pro del interés tolimense, es el ruido mediático aupado por el protagonismo el que altera los sentidos para producir sensación de dinámica y avance cuando en verdad todo está quieto, todo sigue igual o tal vez mutando a peor. La rancia retórica dice que vamos bien, la realidad muestra que vamos mal y sólo el espíritu autocritico y abierto al debate podría esclarecer nuestra percepción de la realidad e inaugurar nuevos paradigmas que den sentido al quehacer diario y corrijan el error de juicio del líder, gobernante y vecino que de buena fe cree que nuestro destino cambiará sin proyecto político de región, sólo por la inercia, las declaraciones públicas y la ejecución de presupuestos cada vez más empobrecidos.

Prueba del trivial influjo del viejo paradigma del hacer por hacer es la creación del día del Tapa Roja por parte de la “Duma” Departamental, otro más de tantos ingenuos días del no sé qué instituidos para socorrer propósitos loables pero que, en este caso, no salvará a la licorera tolimense que tendrá que sufrir decadencia hasta el día en que un “iluminado” propondrá su venta al aguardentero foráneo. Árido es un día del no sé qué cuando nace del oportunismo y el efectismo; fructífero si germina de identidad, claridad ideológica, visión de futuro sistémica y sincrónica, ideas autonómicas, estrategias de largo plazo y planes de desarrollo endógeno.
PUBLICACIÓN SOBRE NOVELA DE CARLOS ORLANDO PARDO
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Artículo para el 7 de julio de 2013
¡BASTA YA DE INFAMIAS!
De JORGE ARANGO MEJÍA
“Afirmo que esto es un crimen más, un crimen que subleva la conciencia universal…
“Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis, cumpliéndolo, sin duda, honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.
“Hasta hoy no principia el proceso, pues aún no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible.” (“YO ACUSO”, Emilio Zolá).
Antes de asumir la defensa de Alberto Santofimio ante la Corte Internacional de Derechos Humanos de San José, publiqué en esta columna una frase de esta carta formidable. Hoy publico otra. No para defenderlo, pues convencido estoy de que ese  tribunal deshará la bellaquería hecha por la administración de injusticia de Colombia; sino para señalar los responsables de ella. Veamos quiénes son.
Los primeros, todos los cobardes que presencian esta infamia y, pudiendo, no la denuncian.
Además, los hijos de Galán, a quienes esa condición no convierte en mejores colombianos ni confiere mayores derechos. No contentos con haber vivido del Estado, y recibido del Liberalismo (otrora nuestro gran partido) honores que por sus méritos jamás habrían ganado; quieren saciar una insana sed de venganza, estúpida aun si fuera fundada, pero monstruosa cuando se ejerce contra un inocente de la muerte de su padre, como Santofimio.
Por Luis Eduardo Chamorro Rodríguez
En la vereda San Pedro del municipio de Dolores, al suroriente del Departamento, funciona una institución educativa que ofrece educación desde el nivel  preescolar hasta el grado 11 de bachillerato a 234 estudiantes y 14 docentes. Bien puede ser el ejemplo de las condiciones en que se ofrece la educación en las zonas rurales de Colombia.
Lo positivo es que la oferta de educación secundaria y media haya llegado hasta esta vereda ubicada en la cordillera oriental, a 25 kilómetros de la cabera municipal, con vías de acceso en regular estado , que obliga a un recorrido de hora y media en vehículo, generalmente una moto que el  docente debe adquirir con su salario.
LAS DENUNCIAS DE LOS COLOMBIANOS
Julio 8 de 2013.
Por: Javier Ramiro Devia Arias.
La Fiscalía General de la Nación nos ha anunciado la creación de un mecanismo de  priorización de los delitos, para no  investigar  delito por delito, sino hacer un análisis de conjunto, de contexto, sobre la forma de criminalidad en la que se enmarca ese delito individual.
Las intervenciones que hemos escuchado o leído sobre el cambio de la metodología para adelantar las investigaciones  a cargo de la entidad,en mi modesto concepto, parten de una premisa equivocada: que toda la criminalidad en Colombia es “organizada”,  y  por ello se proponen, según sus propias palabras que “en vez de capturar al raponero, detener a toda la banda organizada”. Cómo se alegrarán con este método de persecución criminal, aquellos a quienes les gusta delinquir “solos”  ejerciendocon lujo de detalles el individualismo que prevalece en la cultura colombiana, tendencia a la cual  no pueden  ser ajenos los amigos de lo ajeno, pues su captura y enjuiciamiento ya no será de interés para el organismo investigador.
No es la primera vez que nuestro aparato judicial acude a sofisticadas teorías o experimentos con modelos foráneos, para evadir la responsabilidad en el aumento de la criminalidad y lo que es más grave, por la débil reacción frente a ella y los precarios resultados en las sanciones que espera la sociedad.
Otra estrategia de autoprotección del sistema,  ha consistido en declarar de lesa humanidad los delitos que no lo son, con el único objetivo de volver imprescriptible lo que no lo es, enmascarando la incapacidad del Estado para investigar y juzgar oportunamente,permitiéndole de esta manera investigar indefinidamente,para que atoda costa y algún día, dependiendo de la coyuntura, se pueda  condenar a alguien, dando la   sensación de una eficacia de la justicia  que en realidad es inexistente. Y ni mencionar otros tipos de procesos emblemáticos de apariencia de justicia.
Tal vez, por estas y otras razones, nuestra justicia se ha convertido en un espectáculo, en donde se notifican sus decisiones a través de la prensa y las diligencias judiciales  se convierten en un verdadero “Reality”, con una  audiencia o sintonía que despierta la envidia de las grandes cadenas televisivas. Se trata de mostrar que si se está actuando, pero en casos “sensibles” a las grandes masas.Con la nueva metodología de investigación de los delitos en Colombia, el ciudadano del común, inerme y desesperanzado, tendrá que esperar  a que el robo de su humilde propiedad  o cualquier ofensa a un bien jurídicamente tutelado, haya sido cometido por una banda organizada, o que los investigadores en sus informes  estructuren artificialmente una banda criminal, para que despierte el interés del monstruoso aparato en que se ha convertido la Fiscalía General de la Nación. Cuantos raponeros veremos presentados públicamente como  miembros de peligrosas bandas criminales o cuantos verdaderos criminales veremos libres por la decisión de quienestendrán  la facultad de priorizar  y decidir sobre los delitos que merezcan persecución. Tremenda responsabilidad en manos de pocos y riesgoso poder el que se quiere construir.
Quienes intervinimos en el diseño y aprobación del nuevo sistema penal acusatorio, fuimos conscientes del gran reto en su implementación. Especial celo se tuvo en cuanto al principio de oportunidad, estableciéndolo plenamente reglado para evitar la discrecionalidad tan dañina en estos menesteres. No obstante, en el caso personal, veo con asombro hacia donde se quiere conducir el sistema. Precisamente, una de las primeras críticas a este sistema fue  la ineficacia frente a la gran criminalidad y sus buenos y escasos  resultados solo para los casos de flagrancia y delitos menores, argumento que  se ha ido desvaneciendo con los resultados del sistema, por ejemplo, en grandes escándalos de corrupción. Es innegable que ese sistema penal requiere de ajustes, producto de la experiencia de todos los actores del mismo, pero ahora la ecuación se quiere invertirbruscamente  a confines opuestos y desconocidos,y no se ha explicado en detalle cómo se va a enfrentar la pequeña criminalidad , que sin duda es la que más a menudo y directamente  afecta el diario vivir del colombiano, con el grave riesgo de dejar en el desierto de la impunidad muchas acciones que, aunque no merezcan una entrevista en los grandes medios de comunicación de quienes  se deleitan con la espectacularidad, la renuncia a ejercer la acción penalrespecto de ellas , puede constituir el eslabón que falta para una rabia colectiva, de esas que están de moda en el mundo.

El actual Fiscal General es capaz y conoce como pocos el tema; además, ha sido valeroso al reconocer errores de la misma entidad. No obstante creo que  vamos camino a la aceptación expresa y oficial de la incapacidad estatal para perseguir y sancionar todos  los delitos, tal vez, también como mecanismo absurdo para salir del entuerto del hacinamiento carcelario,   o simplemente ha faltado mayor información acerca del alcance , finalidad , límites y controles  para la nueva metodología en la investigación criminal de nuestro país. Habrá que esperar; mientras tanto, es incierto para loshumildes colombianos, lo que va a pasar con lo que la fiscalía considera pequeñas denuncias, esas que  según los funcionarios, se dan porque en Colombia“estamos acostumbrados a denunciar todo”. Que tal .¡
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
En la antigua Grecia el concepto de lo privado no era bien visto. Para los griegos lo más importante era la vida pública, lo privado se reducía a lo íntimo, a lo de poca monta y de escaso interés.
Con el advenimiento de la modernidad, poco a poco la vida privada gana un espacio que no tenía. Por decirlo de alguna manera, la vida privada, como las quinceañeras, hace su presentación en sociedad. Desde ese momento lo social queda dividido en dos: lo público o lo de todos, y loprivado o lo individual. Fue una ganancia para la sociedad, porque dedicarse a asuntos particulares o privados dejó de ser visto como un tema peyorativo y de mal gusto social.
El tema de lo privado ha continuado ganando terreno hasta el punto que ya hace parte de los derechos del individuo, de los derechos humanos fundamentales. La intimidad y la privacidad son un derecho sagrado, por lo tanto vedados a cualquier intrusión por parte del estado o de otros individuos. Más de un artículo de nuestra constitución política reconoce la importancia de preservar el fuero de lo privado y de lo íntimo.
El Estado es un ente creado para el servicio de los ciudadanos. Su esencia y naturaleza es servir a sus asociados. Con el paso del tiempo, el Estado ha ido ganando cierta autonomía y por razones de confianza y tranquilidad resulta, paradójicamente, más importante la seguridad del Estado que la de los mismos ciudadanos. La creación, que es un ente abstracto e inmaterial, se asume más importante que sus creadores, que son reales, sensibles, razón de ser de la existencia del Estado. Una monstruosidad.
Esta degeneración trata de convencer a los ciudadanos que pierdan lo ganado con su privacidad y mundo íntimo, para permitir que el Estado, que debería ser la expresión de lo público, indague sin cortapisas en los asuntos privados. Es como sostener que para preservar la libertad se ofrece la seguridad de una cárcel. El Estado argumenta que para que la sociedad sea segura él debe meter sus narizotas en las llamadas telefónicas, cartas, correos electrónicos y todo tipo de comunicaciones.
No faltará el despistado que diga que el que no tiene nada que ocultar no debería preocuparse. Esto es falso. Si fuera cierto las personas no bajarían la voz, para ser privados, cuando un ser amado las llama por celular. No conozco a nadie que quiera pedir favores, por ejemplo sexuales, a gritos en la plaza pública porque el que nada debe nada teme. Una cosa es la lucha contra la corrupción, las mafias y el bandidaje y otra querer desaparecer de tajo la intimidad de las personas. La privacidad es un derecho de la persona que hay que defender y exigir que se respete sin ninguna condición.
Fueron muchas las fechoría que desde el Estado se fraguaron contra la intimidad y la privacidad de centenares de ciudadanos, en las famosas chuzadas del DAS, dizque para garantizar la seguridad del Estado. Se quiere construir un Estado seguro haciendo inseguros a los ciudadanos. Con este argumento se persiguió a opositores y se metió en cintura a muchos inconformes.

Hay que rechazar sin desmayo la intromisión del Estado en la vida privada, un derecho fundamental de las personas.